Amazonia -Perú- Parte 2

Publicado por Leticia el 17 de julio de 2008 · 1 comentario

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Amazonia -Perú- 

Amanecer junto a una plantación de bananos, en el río Puinahua. Se puede divisar entre las aguas una enorme anguila eléctrica, que es en realidad una suerte de pez y puede dejar seriamente dañado a cualquiera con una descarga de 500 voltios. Por otro lado se ve una tortuga mata mata, cuya figura impresiona por la perfección del camuflaje, la cabeza imita la forma de una hoja y el color del cuerpo es el de la hojarasca. Cuando los pobladores la detectan no dudan en cazarla.

La comunidad Bretaña, junto a la que anclaremos más tarde es la más grande de la zona. Hay otras y llevan nombres como Nueva York, Los Ángeles. Haremos un solo desembarco en esta travesía y será para visitar la comunidad de Magdalena, establecida hace 20 años en un terreno que es alto y nunca se inunda, de manera que pueden cultivar maíz, plátanos y árboles frutales y criar gallinas. Tienen cancha deportiva y escuelita. En la austeridad del aula, una enorme lámina del general San Martín se destaca heroicamente al lado de una diminuta de Bolívar, la maestra vive en Magdalena y cada 15 días logra irse a Requena, que queda a hora y media en peque peque. Las mujeres reciben al visitante con artesanías que ellas mismas realizaron y los hombres se distraen tallando un remo, yendo a pescar, a cazar.
La tarde tiene lugar en el río Pacaya. Hay jabirúes patrullando la costa, otra señal que el verano está por llegar, en total, terminamos viendo miles de garzas y biguas y pájaros. La mejor parte llega cuando comenzamos a internarnos en los balsados de puntal, como llaman a las arboledas de ceibas, de rectos y largos troncos cenicientos, casi blandos. Atardecer en el calido corazón del puntal y un huésped del Aqua despunta el vicio de la pesca con mosca, en tal especial hábitat, es impensable que el intento resulte vano.

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Amazonia -Perú- 

Esperaremos la noche flotando en esta meditación verde, entre las ceibas cuyos troncos son fríos como las piedras pero en absolutos inhóspitos, porque en ellos se agarran las bromelias, magnificas epifitas que son preciados reservorios de agua dulce, hogares predilectos de las tarántulas. Y porque en sus enramadas más altas anda el perezoso, durmiendo durante el día, dándose atracones de sus hojas y frutos por la tarde, alimento éste al que la creencia popular le atribuye poderes alucinógenos que mantienen al animalito en estado de perpetuo delirio y sumido en esa lentitud insuperable.

En breve, las tarántulas bajaran por los troncos en busca de alimento. Vemos dos. Una hembra joven pero ya de tamaño inquietante y un macho en otro árbol que va corriendo en etapas a una araña más pequeña, se queda quieto, avanza, se queda quieto avanza y zas, en un brinquito certero cae sobre su presa y se la come. A pocos pasos, en otra ceiba, detectamos una cría de boa. El pescador de mosca hace uso de su pinza y con mucho cuidado, sin lastimarla, trata de agarrar a la pequeña boa, la observamos y la colocamos donde la habíamos hallado.

La última salida se realiza muy temprano. Vuelta al Pacaya. Vamos en por de las Victorias requia y para ello, primero enfilamos por un canal de aguas traslucidas negro-verdosas, el hábitat es un extenso embalsado de jarillas y camalotes muy tupido que casi nos hace desistir, pero el pescador y otro pasajero se ponen a remar, el conductor aprieta el acelerador con fe, los demás nos balanceamos rítmicamente de izquierda a derecha y salimos a flote. Los irupés necesitan el claro espaciosos en el que flota, con sus formas de grandes pizzeras y erizadas de espinas por su parte exterior. Algunas flores les quedan, aunque ya casi marchitas, dada la época.

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Amazonia -Perú-

Es hora de romper del ayuno y lo hacemos en el dominio de las tarántulas. El rito no elude el jugo de naranja natural ni el buen café a voluntad, ni la fruta fresca ni las panificaciones. Hay hambre o necesidad de ella, no se sabe, pero lo devoramos todo mientras una lluvia muy finita nos lleva ensimismarnos por un rato. Un perezoso se despereza, a nuestra imagen y con alguna semejanza. ¿Cuánto tiempo hará falta para conocer los pormenores de una naturaleza en la que habitan 44 tipos de mamíferos, 292 plumíferos, 16 anfibios y reptiles, ocho clases de insectos y arácnidos y no se cuantos tipos de árboles y plantas?

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