Estancia Los Talas, Argentina

Publicado por Leticia el 10 de junio de 2008 · 15 comentarios

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“En Los Talas aislado y lejano (un día de cada año, madrugar, tren a Lujan, coche en tierra a seis leguas, sueño, cansancio y hambre) había para después de cada invierno de ciudad un verano de campo. A él se llegaba ansiosamente.” Cita Jorge Furt, en su Libro de Compañía, donde evoca con los años pasados en esa, su casa.

Como La Rica, Los Talas es una de las pocas estancias cuyo destino aun está en manos de sus herederos directos, recortada en la extensión pero plena en el espíritu e hidalguía. El merito se remonta a más de un siglo pero le corresponde actualmente a sus hijos y nietos hacerse cargo del archivo y la gigantesca biblioteca se su antecesor. Ellos viven allí, acompañados por su hija que cocina maravillosamente y aporta su granito de arena en la difícil tarea de mantener la casa y el archivo sin ningún tipo de ayuda oficial.

Los Talas tienen la esencia del siglo pasado pegada en las paredes, los árboles y hasta en la caprichosa sinfonía de los pájaros que trinan sin el más mínimo acorde de preocupación. En la cocina, las paredes son de adobe. La construcción es de 1824. Tiene una puerta esquinera de madera sobre la que hace sombra una parra con nido de torcaza y faroles en los ángulos.

En la otra casa, de 186, las opalinas originales se cuelgan de los techos con bombitas de 1992. existe también una tercera casa, con paredes de materiales pero tapizadas de libros, para lo que fueron concebidas, los 40.000 volúmenes de la biblioteca, las 7.200 cartas que le enviaron a Juan Bautista Alberdi entre 1824 y 1884 y que Furt compró en 1946 hipotecando un campo para evitar que salieran de la Argentina, el 22 de Mitre, 43 de Sarmiento y 106 de Máximo Terrero, el esposo de Manuelita Rosas, la colección completa de la Revista Nosotros y una nutrida variedad de autores argentinos, franceses, alemanes, griegos y latinos, además del primer salido de Alcalá de Henares de 1502.
Se trata de tres corredores completos de más de diez metros cada uno, colmados de piso a techo.

La casa original que José Mariano Biaus le compró a Don Pedro Díaz de Vivar fue confiscada por el gobierno de Rosas en 1840. Funciono como cuartel de su ejército durante 10 años, y fue luego restituida a la familia. Pero los Biaus volvieron solo después de Caseros en 1852. De entonces data la leyenda del toque de diana que los familiares han escuchado sonar durante años al amanecer en el bosque espeso. Y el clarín no es el único protagonista legendario. El espinillo bajo el cual enterraron a un esclavo del patrón antiguo cuando Rosas tuvo la estancia, aún está en pie frente a la casa. Dicen que “sus raíces manearon al muerto y el ánima en las ansias de liberarse, lleva ciertas noches su luz hasta las ramas intentando arderlas. Pero no se prendera el fuego hasta que alguien muera en el mismo sitial en esa noche todo el árbol será una sola brasa” cita de la historia siempre viva de Los Talas.

Pido mil disculpas por el error a Mariano y su familia, la foto ha sido cambiada… perdon nuevamente

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