Estancia Santa Rita, Argentina

Publicado por Leticia el 22 de mayo de 2008 · 3 comentarios

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Cuando Franklin Nüdemberg e Isabel Duggan conocieron Santa Rita el cardo más petiso amenazaba con pincharle el ombligo. Recién llegaban del exterior –vivieron en Alemania y en Río de Janeiro- con sus seis hijas y buscaban “algo” para hacer el fin de semana con ellas. Franklin, que nunca permitió que su pasión por el arte y la arquitectura dejara de lado su carrera de medico, vio en medio de la maleza “algo” para rato. Compraron las 200 hectáreas de la finca en 1988 y desde entonces no han parado. Como Miguel Angel, Franklin pinta, construye y restaura. Su opera prima, mientras los techos se llovían y la casa se inundaba, fue dibujar un friso de flores y firuletes en la pared –exterior- a la que dan cuatro de las seis amplias habitaciones actuales.
Luego vino la fuente.

Una vez inaugurado (reciben huéspedes desde 1996) Frankling puso la mira en el casco principal, los seis pisos que incluyeron un loft para toda la familia son sólo la primera etapa. La torre en construcción se ve desde la entrada, cercada por eucaliptos gigantescos. Un poco mas cerca, la estructura original no oculta sus años. La planta cuadrada incluye capilla, y un sinfín de habitaciones que balconean al jardín interior. Desde la cima, el panorama es una síntesis de Santa Rita. La media docena de perros collie se mezcla con las estatuas del parque, la familia de llamas, los chivos, patos, gansos y pavos. Los cerdos no se ven pero si se saborean, puesto que todos los fiambres son caseros. También las verduras, plantadas a un paso del bosque de 40 hectáreas que verdea cerca de la casa. De modo que empezamos se empieza como se debe, comiendo.

Además de ese tipo de encanto, Santa Rita ofrece un programa extra, llegar en tren que parte de Constitución. Las vías pasan por la puerta misma de la estancia y la estación de Carboni está ahí nomás.

El nombre del pueblo tiene relación directa con los ancestros de estas tierras. El establecimiento fue originalmente de los Escurra –la familia de la mujer de Rosas- y luego de los Carboni, quienes previendo que el ferrocarril no tardaría el llegar hasta ahí, canjearon una finca más próxima a Buenos Aires por esta, e hicieron de su apellido el topónimo del lugar entero.

Con un único momento de gloria cotidiano –cuando llega el tren- la estación de Carboni todavía conserva los galpones reales de las mejores épocas, la sala para señoras y la oficina del inspector. Aun para quienes van en auto, un buen programa resulta estacionarse en un rincón y ver pasar el tren y dar vuelta por los alrededores que están como eran entonces. Almacenes donde todavía se fía, las bicicletas aguardan a sus dueños y los motores de las viejas heladeras ronroneando gravemente, son sólo algunas de las deliciosas escenas de Carboni.

Datos Utiles:
Telefono: (02227) 495026
En Buenos Aires: 4804-6341

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