Selva Montana, Argentina

Publicado por Leticia el 7 de mayo de 2008 · 12 comentarios


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Desconocido y muy poco visitado, el Parque Nacional El Rey protege desde 1948 un rico hábitat de yunga salteña. Todo aquí es esplendor y exuberancia, rumos de arroyos y la huella esquiva de ciertas especies vulnerables o en vías de extinción, como el tapir y el yaguareté.

Creación
24 de junio de 1948. Hasta ese año fue una finca ganadera y de explotación forestal.

Eco-Región
Selvas montanas o yungas, y su transición hacia los bosques chaqueños y serranos.

Superficie
44.162 ha

Puntos de Interés
Laguna Los Patitos (1.5 Km. de caminata hacia un embalse artificial construido por el ultimo dueño de la estancia); Río Popayán (10 Km. de recorrido pie o en mountain bike por el bosque chaqueño); Campo Santa Elena y Cascada Los Lobitos (área de contacto entre el chaco serrano y la selva de transición); sendero de la Chuña (2km, ideal para el avistamiento de anta y la chuá de patas rojas), sendero Chorro de los Loros; Pozo Verde.

Como llegar
Desde Salta se accede por RN 34 hasta la localidad de Lumbreras. Desde allí son 45 Km. por la RP 5 hasta llegar al Paso de la Cruz, donde se empalma con la RP 20 hasta arribar a El Rey (36 Km. de camino consolidado en buen estado, aunque en verano puede volverse difícil de transitar por las lluvias).
Para llegar al Centro Operativo y el Área de Campamento hay que recorrer otros 10 Km. de ripio. Para el último tramo y los caminos interiores de acceso es necesario utilizar vehículos 4×4.

Ingreso
El acceso al Parque y la estadía en el Área de Campamento son gratuitas. Los sanitario son precarios, pero hay agua potable y fogones.

La mejor época
De abril a noviembre. Evite visitarlo de diciembre a marzo ya que las fuertes lluvias y las altas temperaturas (promedio nunca inferior a los 35ºC) dificultan el acceso a los senderos más impactantes y favorecen la proliferación de jejenes, garrapatas y otras plagas molestas e insidiosas, aunque no propaguen enfermedades.

Curiosidades: El Anta (Tapirus terrestres)
Es el animal emblema de El Rey. Existen cuatro tipos de tapires o dantas: tres en América y uno en Asia. Es el mamífero terrestre más grande de Sudamérica, y todas las especies están amenazadas.
La Yunda en peligro
La selva pedemontana es un ambiente de transición entre las yungas y el bosque chaqueño. Dueña del 30 por ciento de a biodiversidad yugueña, es el ambiente más amenazad de la Argentina.
Hasta fines del siglo XIX, cubría un millón y medio de hectáreas desde entonces 900 mil hectáreas han sucumbido a la expansión agrícola. El 90 por ciento de las 600 mil hectáreas sobrevivientes presenta un alto grado de deterioro debido a la extracción forestal, la ganadería y el fraccionamiento. La tala rasa continua hoy en nombre de la soja, a un ritmo de mil hectáreas por año. En pocos años más, si el desmonte no cesa, de este prodigo ecosistema sólo quedaran retazos sin futuro.

Creado en 1948 con una superficie total de 44.126 hectáreas, el Parque Nacional El Rey está limitado por una cadena de serranías de forma de herradura desde donde bajan correntosos arroyos que acompañan las fluctuaciones del paisaje –Aguas Negras, Ovejeria, del Naranjo, de los Loros, Nogalar- y confluyen en un solo río: el Popayán. Aquí entre los 750 y 2300 metros sobre el nivel del mar, prospera cinco pisos de vegetación: el bosque chaqueño serrano, la selva de transición, la selva Montana, el bosque montano y el pastizal serrano. En su territorio conviven especies de distintos porte y hábitos tan dispares como el anta o tapir –el animal emblema del parque-, el pecarí o chancho salvaje, la corzuela, la chuña de patas rojas –cuya cresta de plumas levísimas alerta sobre sus focos de atención y al decir de algunos, “es como tener una flecha en la cabeza”-, la urraca acumuladora de tesoros, el águila majestuosa, el tucán y el esquivo puma. En los sectores más húmedos, hileras de hongos de cautivante colorido anuncian su peligrosidad mientras una profusión de helechos, lianas, enredaderas, resbaladizos colchones de musgo orquídeas como aves suspendidas en vuelo envuelven al paseante en su halo. En las áreas más abiertas, los molles, nogales y cedros bordean los senderos como centinelas graves.

Info: Revista Lugares (2008)

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