El faro de Santa Marta

Publicado por Leticia el 13 de julio de 2008 · 3 comentarios

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Llueve sobre el Faro y el Cabo de Santa Marta. El agua moja las sombrillas y mesas amarillas de Skol, que su logo circular anuncia “a praia mais redonda do Brasil”. La fina arena se humedece. Las olas de la playa de Cardono ni se mosquean y los surfisdtas tampoco. Los hippies siguen haciendo collares con semillas y caracoles. Los pescadores pescan. Cuando cese la lluvia, las barrancas de esa playa serán el escenario ideal para remontar barriletes. Es la actividad preferida de los chicos cuando el sol cae sobre el mar, regalando un lindo atardecer. A esa c hora sopla un viento infalible.

Hay poco para hacer: sentarse en un bar comer camarones empanados acompañados de arroz, farola, ensaladas, papas fritas. Lanzarse a caminar hasta el faro que se visita solo por afuera, pero es la razón de todas las miradas. Cuesta sacar una foto sin su insigne presencia. Proyectado por franceses a fines del siglo XIX, fue inaugurado el 11 de junio de 1891.

Está construido en piedra, arena, aceite de ballena y barro. Trepa hasta los 29 metros de altura, gracias a una escalera caracol de 142 escalones. El giro de su luz cada noche es uno de los magníficos espectáculos que turistas y pescadores aprecian desde sus casas con balcón, andando por las calles onduladas, o sentados en la arena, esperando que el brillo de la luna salga a competir con ese haz redondo, de puntualidad infalible.

La energía de Santa Marta ya es célebre en todo el Brasil. Quizás por eso no sorprenda tanto que un sitio tan pequeño convoque la presencia de varias ONG como Rasga Mar, orillas de la Prainha, que se ocupa de preservar el paisaje de dunas del lugar, evitar las construcciones exhaustivas y lucha contra la iluminación publica de las calles.

A sólo 131 Km. de Florianópolis, la capital del estado de Santa Catarina, el Farol es más una isla que la propia Floripa: no hay café express, pero si hay tainha (un tipo de pescado) fresca en cualquier restaurante. Internet es un bien escaso que se consigue en el bar Simbeosi. El café de este cyber se sirve en termo y acompañado de un bolo casero que hace la señora que lo atiende, y que atiende más de cocina, claro, que de informática.

A los surfistas no les importa. A diferencia de la vecina Praia do Rosa, mucho más sofisticada, Santa Marta es un paraíso donde reinan las olas. Rodeado de seis morros que provocan benéficos efectos en la ondulación y los vientos. La playa de Cardoso es la más buscada, también en los meses de invierno, donde el traje de neoprene es más que indispensable.

Por la noche, el Farol tiene buena oferta, en bares que tocan reggae, hip hop, sambarock. Hay pool y videos de surf en Aotearoa. Los locales y turistas coinciden en el muy poblado Boikago, hay opciones como el Tribo en la Prainha, o el Surf Paradise en Cardoso. Quines son habitúes lamentan can amargura el cierre del bar Sobrenatural, uno de los pioneros de la noche del lugar. Son los mismos que dicen que ya no es como antes, que no es posible que en temporada alta los autos estacionen de los dos lados de la calle, que este es un sitio para caminar, no para andar en auto, para que el protagonista sea el paisaje y no para ver y ser visto.

Probablemente tenga razón, pero el sello de los pescadores y el faro siguió vivo aun para quien llega en el siglo XXI.
Antes de continuar viaje hacia el norte o hacia el sur, no olvide merodear un poco por Laguna, una ciudad agradable e histórica, con frentes bien mantenidos y famosos por ser donde nació Anita Garibaldi, la brasilera que se caso con el italiano Giuseppe Garibaldi.
Anita tiene museo propio en el antiguo Paco Municipal. No es exactamente su casa sino la de sus padrinos, donde ella se vistió para el casamiento con Garibaldi. Allí se cuenta parte de su historia y la participación del matrimonio en la Guerra dos Farrapos, el conflicto separatista que vivió el sur de Brasil entre 1835 y 1845. Justo enfrente está su monumento. Un poco más delante de San Antonio dos Anjos (1696) con una importante tela de Victor Meirelles pintada en Roma en 1856.

Fuente: Revista Lugares

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