Suroeste americano, solo para aventureros

Realizar un viaje al suroeste americano es una experiencia realmente única. Hay que tener espíritu aventurero y estar preparado para maravillarse con lo que nos ofrece nuestro planeta. En este viaje es imprescindible tocar cuatro puntos: Taos, Mesa Verde, el Parque de las Cuatro Esquinas y obviamente, el Gran Cañón.

Taos
Tao

Taos

En este lugar se mezclan las características de una comunidad indígena con las mexicanas, los vaqueros, a lo que se le suman los escenarios natural y como resultado… voila… un lugar increíblemente único. Cuando nos dirigimos rumbo a nuestro primer destino, Taos, empezaremos a ver grandes montañas, que dentro de la tonalidad ocre van variando en más pálidas, más fuertes, salpicadas, siempre, por rocas arenosas. Nadie puede negarlo, el Oeste de Estados Unidos está lleno de color. En determinado momento llegamos a Chimado, un santuario curativo al que anualmente arriban más de 30 mil personas que se prestan a untarse con lodos curativos. De más está decir que nadie se pierde semejante tentación.

Pueblo Taos es un pueblo que entre sus 5 mil habitantes encontraremos ecologistas, mexicanos, artistas, bohemios, hippies. Este lugar es uno de los asentamientos más grandes de Estados Unidos, ha estado habitado desde 1450 en forma interrumpida. Recientemente fue catalogado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En el lugar encontraremos, casas modernas, oficinas de correo, escuelas. Todo lo relativo a un pueblo, obviamente. Para poder visitarlo debes tener un permiso especial y no se pueden tomar fotografías. Cuando los turistas visitan el lugar, los locales parecen como ajenos a sus comentarios y sus visitas. Un detalle, la electricidad, las instalaciones y el agua están prohibidos.

Mesa Verde

Cuando uno sale de Taos para dirigirse a Mesa Verde se pasa por un puente que pasa a través de la garganta del Río Grande,  el segundo puente suspendido más grande de Estados Unidos. Cuando se avanza hacia el Norte el paisaje va variando, las montañas que se empiezan a ver están pobladas de vegetación.

El Parque Nacional Mesa Verde es un lugar en donde los indios anasazi esculpieron ciudades en la roca, siendo estas edificaciones sus casas por mil años antes de que desaparecieran de forma misteriosa. Continuando hacia el Este, la carretera se va elevando permitiendo observar paisajes únicos. En el parque hay una serie de montañas y cañones que alcanzan los 2.500 metros de altura. Luego de pasar el Montezuma la meseta baja a 1.800 metros. Acá se encuentra el Río Mancos y se ven más de 600 viviendas que cuentan con un aspecto similar al de un panel de abejas. En este lugar, por el año 1200 vivieron casi 20.000 personas.

El Palacio del Risco es la construcción de mayor tamaño de Mesa Verde. La misma tiene nada menos que 150 habitaciones más 23 cuartos ceremoniales (o kivas). En este lugar los antiguos habitantes vivían gracias a sus plantaciones de frijoles, maíz y calabazas. Se ven un grupo de apartamentos que están unidos por una excelente red de acueductos y morteros que permiten sostener los muros. Esta ciudad, después de haber llegado a su esplendor por el año 1300 desapareció.

Evidentemente esta zona encierra muchos misterios, cosa que la hace por demás importante.

Continuemos viajando entonces hasta llegar al Parque de las Cuatro Esquinas.

Este parque es propiedad de la Tribu Navajo. Es la unión entre Nuevo México, Utha, Arizona y Colorado. Pasando por el parque y dirigiéndose a Bluf la escenografía va cambiando en forma drástica. Aparecerán cañones, cordilleras de montañas de un color rojo brillante y picos de rocas que en ocasiones parecen tocar le cielo. En Monument Valley por ejemplo, las rocas son de un tamaño tan grande que al verlas se pierde la dimensión de su perspectiva.

Este lugar no es precisamente un valle. Es como una especie de planeta de rocas que tienen más de 260 mil años de antigüedad. El piso del lugar se encuentra a 1.5 kilómetros sobre el nivel del mar y su superficie, que llega a los 200 mil kilómetros cuadrados es parte de la Meseta del Colorado. Cada roca tiene un nombre que la identifica totalmente. Están Los Guantes, El Elefante, La Ventana Norte y El Pulgar. A veces estas rocas parecen estar esculpidas por un artista gigante que las dejo ahí, para que toda la humanidad las pueda contemplar. En el lugar está permitido acampar y así aprovechar la noche rodeado de cañones y estrellas, más un silencio que de tan profundo conmueve.

Gran Cañon
Gran Cañon

Ahora si, la frutilla de la torta, el Gran Cañón.

Este lugar fue consecuencia de movimientos tectónicos. Los mismos tienen 1.6 kilómetros de profundidad, 16 kilómetros de ancho y 445 kilómetros de largo. Esta superficie abarca 492.665 hectáreas. Es imposible ver este Cañón todo entero aunque uno vaya probando diferentes direcciones. La única forma de contemplarlo en plenitud es fotografiándolo desde el espacio. Cuando se llega a la orilla Sur se puede ver parte del Río Colorado. En la actualidad se puede bajar caminando, pero siempre es recomendable hacerlo junto a un guía, si bien no es obligatorio, muchas veces, con el afán de buscar aventura uno puede terminar deshidratado o con torceduras. Las estadísticas nos dicen que desde el año 1870 a la fecha se ha llevado alrededor de 600 vidas de personas que fueron demasiado descuidadas.

Cada capa de roca que tiene este lugar corresponde a una etapa diferente de la historia de nuestro mundo. Pero todas reúnen en común su origen marino.
Para más datos podes ingresar a American West en donde encontrarás más datos e historias del oeste americano. O a Indian Pueblo,  lugar en donde te brindarán información cultural e histórica de los 19 pueblos de Nuevo México.

Imagen: Taosvalleyrealestate , Dustydavis , Viajejet.

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